16.1.10

Condiciones para el compromiso con el cambio educativo

Todo el mundo cita al profesorado como la pieza fundamental de un buen sistema educativo. Finalidades educativas, modelos de organización escolar, recursos didácticos, prescripciones curriculares… parece que todo queda en papel mojado sin la implicación y la contribución de los docentes. Ante grandes cambios, asoma la muletilla: “Los principales agentes del cambio deben ser los docentes”.

Hay que reconocer que amilana el elevado desgaste personal que suponen los grandes cambios y la incertidumbre respecto a su verdadero potencial de mejora educativa. Ya contamos que los cambios en educación son difíciles y costosos, que requieren esfuerzos prolongados y que sus beneficios no se perciben a corto plazo. ¿Por qué deberían los maestros comprometerse con ellos?

Para que los profesores se comprometan con el cambio educativo, independientemente de si lo hacen por razones vocacionales o en estricto cumplimiento de sus deberes profesionales, deberían darse determinadas condiciones.



Propongo una lista de estas condiciones, en primera persona, a modo de hipotético contrato entre los prescriptores de las reformas y los indiscutibles agentes del cambio, los docentes.

Como docente me comprometo seriamente con un verdadero cambio educativo siempre que los prescriptores de este cambio:


-    Den tiempo para comprender y asumir el sentido del cambio en el que voy a participar.
-    Permitan poner en cuestión mis hábitos y creencias profesionales sin apresurarme o culpabilizarme.
-    Ofrezcan formación ad hoc seria e intelectualmente rigurosa.
-    Brinden ejemplos reales de los cambios propuestos, llevados a la práctica, sin ocultarme sus carencias.
-    Proporcionen oportunidades para la reflexión profesional, liberándome de lo urgente para abordar lo importante del nuevo contexto.
-    Dejen expresar las disconformidades y las dudas razonables.
-    Involucren en el proceso a los demás estamentos educativos.
-    Cedan la decisión del ritmo de implementación del cambio a los que vamos a llevarlo a cabo.
-    Reconozcan el derecho a personalizar las formas que el cambio adopte en cada entorno específico de trabajo.
-    Valoren las mejoras, incluso si son pequeñas o provisionales.
Diez acostumbra a ser un buen número, así que detengámonos aquí. Si eres docente y has leído lo anterior, seguro que ya cavilas tus objeciones!

Aclaro que considero este improvisado decálogo las condiciones necesarias, no las condiciones suficientes. También hace falta que el cambio sea viable, esté bien planificado, disponga de presupuesto, etc. Pero ese es otro tema, no tiene que ver con la corresponsabilidad de los profesores sino con la competencia de los gobernantes.

Sin estas condiciones, dudo mucho de que los docentes participen de forma comprometida en la consecución de reformas a gran escala. Si es cierto que una innovación profunda no puede ser llevada a cabo sin el compromiso del profesorado, los estamentos educativos tendrán que cambiar mucho el actual estado de las cosas, porque las condiciones expuestas no se dan siempre en los grandes cambios educativos.

En la gestión del cambio es imprescindible la incorporación de todos los docentes, no de forma pasiva y obediente, sino de forma crítica y constructiva, ofreciéndoles cierto grado de poder en la implementación del cambio. Sin parcelas de decisión en la gestión del cambio, no hay corresponsabilidad real de los profesores.

El decálogo podría formularse de otras muchas maneras, pero estoy convencido de que la primera cuestión que necesita la educación es crear las condiciones adecuadas para hacer posible el compromiso del profesorado con la mejora educativa, sean cuales sean los cambios propuestos.

9 comentarios:

Ismael Peña-López dijo...

Como supongo que era de esperar, no puedo dejar de aplicar el decálogo al proyecto Escuela 2.0.

Con efectos devastadores, añado.

i.

kedume dijo...

Para que haya implicación es necesario motivación. Los docentes deben sentirse más protagonistas. Esta lista y demás puntos que contribuyan a ello suman puntos para que el proceso pueda tener final feliz.

Boris dijo...

Ismael,
en el Projecte EduCAT1x1 - la versión catalana del Plan Escuela 2.0 - algunos estamos tratando de garantizar estas condiciones. No es nada sencillo: el proyecto impone determinadas condiciones de calendario, asignación de recursos, etc. que no respetan el decálogo.

Los docentes deben participar activamente en la gestión del cambio, Kedume. Pero sin parcelas de poder, no hay corresponsabilidad real de los profesores. La motivación y el protagonismo, vendrán por si solos...

Ya
he manifestado mi posición en el tema
. Y en eso estamos, ahora desde dentro. Nadie dijo que sería fácil y esto no ha hecho más que empezar...

Un abrazo

mcano@xtec.cat dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
mcano@xtec.cat dijo...

Hola Boris,

content de tornar-te a llegir, en aquest cas intentant abordar com plantejar la gestió del canvi. "Menudo temita"...jejeje, estic d'acord amb el teu punt de vista que coincideix bàsicament amb el d'autors com Michael Fullan que han tractat el tema abastament. (Jo en vaig escriure quatre ratlles fa un temps per si vols donar-hi un cop d'ull: http://www.xtec.es/~mcano/avui_x_dema/innovaci_i_canvi_en_educaci.html)

D'alguna manera el decàleg en forma de condicions necessàries permet identificar en quines situacions de contorn les propostes de canvi no funcionaran. De fet jo diria que aquestes condicions potser són impossibles d'implementar a nivell macro del sistema educatiu en el seu conjunt.

Per això sóc partidari de situar el gruix dels esforços de la gestió del canvi a nivell mesoscòpic (centre a centre) i microscòpic (docent a docent). És una batalla dura vinculada al lideratge, però no perduda, en això baso la meva esperança!

Salutacions cordials,

marià :-)

Artur Tallada dijo...

Hola Boris,

una aportació molt interessant aquesta que realitzes. Estic segur que tots aquests principis ens els podem aplicar cadascun de nosaltres en els diversos àmbits en que treballem, en el meu cas, em dono un temps per a interioritzar-los. Crec que seran força útils !!

Pel que fa a la gestió del canvi en organitzacions tan grans com la nostra, on hi ha tants col·lectius diversos i maneres de fer i pensar tant diferents, veig difícil que tothom estigui en sintonia amb aquesta mena de tendències (i aquí aniria amb la línia de Maria), però també és cert que si hi ha les circumstàncies i l'impuls adients, el sistema en el seu conjunt pot alinear-se en una determinada direcció i tothom moure's en termes més proactius i de col·laboració. En aquest cas el projecte EduCat1x1 crec que n'és un exemple.

La gestió del canvi porta implícit el tema de la por al canvi. Perdre les nostres seguretats per anar a un camp que en certa mesura desconeixem asusta, a les persones, i a les organitzacions també. Tot i que sabem, ara, que el canvi és el motor de tot plegat i inherent a la nostra condició.

Artur

Boris dijo...

En el canvi educatiu hi ha una dimensió més contextual que no admet posicionaments personals, ni es basa en transformar les creences. Només cal posar-lo en marxa des de l’administració. L’exemple més clar són les condicions laborals de treball, les avaluacions externes, el sou o l’horari de permanència en el centre, per citar-ne alguns.

En altres casos, com per exemple en la incorporació de tecnologia als centres o en els canvis en la metodologia docent, és imprescindible la correponsabilitat dels docents. Ja tenim moltes experiències anteriors de dotacions de tota mena que han arribat als centres i , simplement, no s’han emprat. O de canvis metodològics per decret que només han suposat una nova elaboració de documentació administrativa i prou.

I per adoptar qualsevol novetat, cal disposar d’un cert control sobre el canvi, d’una apropiació adaptada de les noves consignes, infraestructures, etc. Per controlar, precisament, la por al canvi que apunta Artur.

Crec que en el cas del Projecte EduCAT1x1 hi ha elements d’infraestructura que canvien el context i que el professorat no pot “evitar”: l’alumne té la propietat de l’ordinador, les aules tenen Internet, el llibre de text ha de ser digital i no en paper, etc. I també hi ha elements discrecionals que el professor pot o no assumir: el canvi metodològic, la penetració d’Internet a l’aula, la personalització dels materials digitals, etc.

Ja he apuntat diverses vegades la meva posició: cal
aprofitar els canvis d’infraestructura per a introduir canvi en els altres aspectes
. Si només hi ha canvis estructurals es perdrà una oportunitat de millora educativa i els resultats acadèmic milloraran molt poc o només de forma indirecta i superficial.

Gràcies pels vostres comentaris!

Anónimo dijo...

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Te agradecería si no borras este mensaje de tu blog ya que también tiene la función de enlace, desde ya un cordial saludo y apúrate da de alta tu blog.

José L. Castillo dijo...

¡Hola!

Más que discutir puntos concretos (que hay tema, sí, aunque más de detalle que de fondo), me quedo con el espíritu. Que el cambio que nace desde instancias políticas (y así debe ser porque las instancias políticas son las que cuentan con la legitimidad democrática) haga lo posible para escuchar e implicar a los técnicas, logrando complicidades.

Eso sí, sin olvidar que los técnicos no tenemos, repito, no tenemos, la legitimidad democrática y hemos de actuar con lealtad ante las decisiones que toma la sociedad, que se nos hacen llegar a través de las administraciones públicas. Nosotros no representamos a la sociedad.

Eso sí, somos la parte que más apegada está a ella, la que más claramente percibe necesidades.

Aunque, por otro lado, si eso fuera completamente cierto, todos los docentes (los técnicos) estaríamos de acuerdo... Y eso no suele ser cierto...

En fin... Que tengo más dudas que certezas, pero que sí estoy de acuerdo en que los técnicos jugamos un papel decisivo y, por ello, obligatoriamente leal.

¡Un saludo!