30.11.14

Premiar

Siempre que hay un ganador debe haber perdedores. Y de forma mucho más numerosa: gana uno y pierden todos los demás.

Si comparas las calificaciones, construyes una jerarquía. Los mejores y los peores. Pero la cultura escolar tradicional lo conlleva. Las calificaciones sin jerarquía son vividas como una estafa: "¿Cómo? ¿Toda la clase tiene un 10? Eso es imposible".

Hace unos años, cursé el primer máster de formación de equipos directivos públicos que promovió mi Consejería. Éramos unos ochenta docentes seleccionados entre mil aspirantes. La gran mayoría, miembros de equipos directivos en ejercicio, gente bregada y comprometida. Había un ambiente formidable, ganas de superarse y mejorar.

Sin embargo, nos ponían nota y nos comparaban. Algunos lo vivían con orgullo y otros con vergüenza. Al final vino la traca, la rimbombante entrega de los títulos en Barcelona de manos de la consejera Irene Rigau. Nos sentaron en filas por orden: de más nota a menos nota. Brutal. A mí me pareció vergonzoso y no asistí.

Ordenar "de mejor a peor" está muy incrustado en la escuela actual. Solamente hace falta ver el ránquing de las mejores escuelas de España del diario El Mundo. En la Khan Academy, por ejemplo, se sitúa a cada alumno en relación a los demás de la clase. Más de lo mismo, pero en digital.

Imagen de Chema Madoz

Y no me habléis de superación y de retos. Eso es imprescindible, pero no en relación a los demás. La única superación decente es superarse a sí mismo. Superar a los demás no es un juego limpio. No se trata de ganar o perder, ni de premiar a los mejores. Se trata de estimular la autosuperación en la escuela. Esa es la única cultura del esfuerzo en la que creo.

16 comentarios:

Ramón Paraíso dijo...

La individualización del aprendizaje debería ir por ahí, ¿no? Generar aprendizaje adaptado a las necesidades y características de cada alumno sin entrar en comparaciones con otros compañeros. En mi opinión, deberíamos aprovechar la diversidad en el aula para generar aorendizaje colaborativo, no para establecer comparaciones frustrantes y antipedagógicas. Buf, cuánto por revisar... Un saludo!

Boris Mir dijo...

Comparar los resultados significa entender que todos somos iguales. Supone homologar el punto de partida, lo cual es rematadamente falso.

Sin duda se debe personalizar la evaluación. Hacerla criterial, no normativa. Es decir, considerar el punto de partida y el de llegada, lo aprendido por cada uno. Eso, ya de por sí, es horrendamente complicado. Pero es lo correcto y en eso estamos.

La educación obligatoria está para ayudar a todos, no para clasificar y ordenar.

Gracias, Ramon!

Cristóbal Martínez Guerau de Arellano dijo...

Éste planteamineto es, en mi opinión, la diferencia entre educación y segregación. Y afecta muchísimo a la enseñanza: si los docentes preparan su trabajo con la "agenda oculta" de trabajar para asegurar que los mejores destaquen, lo que se hace no es educación. Y además, se degrada la calidad de la enseñanza de partida: entrenar para ser el mejor en una prueba es algo muy diferente que intentar que se aprendan conceptos a fondo, completos, diversos, contextualizados, universales,... y para todos, sin excepción.

Gracias por el artículo (tan necesario)

Boris Mir dijo...

Gracias, Cristóbal.

Tienes mucha razón. Asegurar que los mejores destaquen! Es decir, fabricar un fracaso para legitimar una excelencia. Una falsa excelencia, pues la verdadera excelencia es equidad, no segregación. Esto me recuerda a Perrenoud y sus trabajos sobre la evaluación: "Sin evaluación no existiría ni el éxito ni el fracaso escolar. Ambos calificativos son fruto de las valoraciones, intuiciones y técnicas que emplea el profesorado para evaluar y clasificar a sus alumnos y alumnas."

También acabo de rememorar aquella lejana época, allá por los 90, que trabajamos a fondo todos estos temas de la evaluación con Jaume Jorba y el grupo del ICE de la Universidad. Qué poco han cambiado algunas cosas! Seguro que tú sigues con el mismo rigor y entrega que entonces. :)

Un fuerte abrazo y muchas gracias por estar ahí,

Boris

Revista digital Forum Aragón dijo...

En estos momentos, con la aplicación de la LOMCE a los cursos impares de Primaria, asistimos a la entronización de un modelo de evaluación alejado de los principios educativos. Se impone una evaluación que clasifica, selecciona, etiqueta, ordena, califica...
X. Besalú decía estos días que la evaluación es "inherente a la enseñanza: los docentes tienen la obligación de conocer al alumnado, de darse cuenta de sus capacidades y dificultades, de intentar comprender por qué hacen lo que hacen y de la manera que lo hacen...". Se trata de un modelo diferente.
Añadir un último comentario, me parece interesante y muy adecuado para que el profesorado se haga consciente de lo inadecuado del modelo, viendo cómo les puede afectar a ellos personalmente. Si el profesorado se viera sometido a una evaluación profesional con las mismas características seguro que lo consideraría inaceptable.
Un saludo

Boris Mir dijo...

La evaluación es inherente a la enseñanza. Pero entendida como una herramienta de regulación de las practicas docentes y del aprendizaje. La evaluación es imprescindible, por supuesto. Pero la clasificación o la segregación no son los objetivos de la evaluación.
Lo que diga la LOMCE tiene una importancia relativa. Hemos pasado por leyes educativas de todo tipo y la cultura escolar imperante ha cambiado poco en el tiempo. Los docentes tenemos la posibilidad de desarrollar una evaluación personalizada, orientadora, formativa y contractual. Hagámoslo y a ver qué pasa!
Gracias por comentar!
Boris

Reyna Borzino dijo...

Leyendo el texto pienso que tiene razón, pero sin embargo cuando yo era chica esto era tomado como normal, no nos dábamos cuenta, y seguimos la vida sin ningún trauma.
Hoy el problema se hace presente como un avión que aterriza en zona urbana... es decir parece que comparar es malo, ordenar de mejor a peor es tremendamente antipedagógico... etc
Creo el problema es que ahora lo entendemos en otro contexto, con una sociedad más informada, más comprometida e involucrada en los derechos individuales.
Antes era así, hoy no puede ser como era antes... porque no cuadra, por eso hoy por hoy tenemos otro paradigma muy distinto, pero no por eso ni peor ni mejor.

José Joaquín Aroca dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
José Joaquín Aroca dijo...

Creo que urge distinguir "evaluación" de "calificación"
La evaluación es inseparable de cualquier actividad humana, por ejemplo educar. la calificación es en infinidad de casos prescindible y en muchos otros contraproducente, por ejemplo en educación.
Gracias, Boris, por el artículo. ¿Ayudará a construir la masa crítica necesaria para acabar con las calificaciones en educación?
Un saludo
José Joaquín

Pedro Fernández Michels dijo...

Reflexionar sobre el (todavía) actual sistema de evaluación (más bien valoración) es muy necesario. Gracias, de nuevo, por hacer pensar.
En cuanto a “notas”, y por consiguiente los “rankings”, creo que en el fondo no se puede calificar de forma cuantitativa un hecho cualitativo como lo es el aprendizaje de un estudiante.
Es más: Éstos intentos de cuantificación a menudo se basan en supuestos erróneos. Sucede que las notas numéricas son, originalmente, abreviaciones de valoraciones calificativas. En sistemas como el alemán o el suizo, por ejemplo, los números del 1 al 6, que representan una escala ordinal, ni siquiera sirven para representar un porcentaje de éxito de asimilación.

El problema empieza a ser gordo cuando, hechizados por los números, pensamos que podemos calcular medias y conseguir de este modo una calificación general de un estudiante. Cojo el 7 del examen de lectura, el 6,5 del de expresión escrita y el 4,5 del examen de estructuras y me sale un 6 como valoración global. Un proceso matemático que en el fondo no lo es. Máxime en las escalas ordinales en las que los numerales usados no son cuantitativos. Tal procedimiento borra por completo una imagen adecuada del progreso del estudiante en diferentes campos y creo una valoración borrosa, y, lo que es peor, no sirve para establecer el “ranking” que tanto parece gustar.

Una “nota” que al fin y al cabo no solo no dice nada sino que distorsiona la vista. Y desde luego no ayuda a reflexionar sobre cómo seguir aprendiendo.
Tenemos que abandonar el camino de la comparación simplificada entre estudiantes y la aparente compatibilidad que nos ofrecen los números para centrarnos en el análisis de sus logros con el fin de reflexionar, al ser posible conjuntamente, sobre nuevas metas y los caminos que llevan hacia ellas.

Anónimo dijo...

Superarse a uno mismo es el reto más grande que un ser humano puede plantearse, tu visión nos invita una reflexión profunda e interesante. Muchas gracias.

Claudia
www.jugarijugar.com

Boris Mir dijo...

Hola José Joaquín!
Tienes razón, la evaluación es imprescindible. La calificación, no. La finalidad más fecunda de la evaluación es la mejora, la regulación del aprendizaje.
No creo que acabemos con la calificación, porque la evaluación también tiene la función social de seleccionar y de certificar. Pero, por lo menos, que sea después de la enseñanza obligatoria!
Un saludo!
Boris

Boris Mir dijo...

Hola Pedro!
Lo de las medias siempre me ha dejado atónito. Es como sumar peras y balones, qué tendrá que ver! La única explicación razonable es la de la selección. Es un sistema que "deforma" a todos por igual, así que parece justo. ¿Quién obtiene la beca? Pues el que tenga la media más alta. El progreso o las necesidades del aprendizaje, ya no importan. Por eso las notas tienen tanto valor "al final", cuando cumplen la famosa función "sumativa" y no la formativa.
Un abrazo y gracias por estar ahí!
Boris

Boris Mir dijo...

"Superarse a uno mismo es el reto más grande que un ser humano puede plantearse". Qué decir! :)
Gracias, Claudia

Estela IF dijo...

Gracias por tus palabras. No creo en educar seres competitivos entre sí, y si en crear personas que encuentren su don, lo cual es muy difícil cuando la nota final es la que importa. Te felicito, enhorabuena.

Estela IF dijo...

Gracias por tus palabras. No creo en educar seres competitivos entre sí, y si en crear personas que encuentren su don, lo cual es muy difícil cuando la nota final es la que importa. Te felicito, enhorabuena.