22.3.07

Diversificar sin excluir

En nuestros institutos de secundaria hemos ido reorganizando los centros en virtud de la creciente complejidad de la tarea docente, muy especialmente con el advenimiento de la LOGSE y la llegada masiva de alumnos cuyo perfil escolar –por llamarlo de alguna manera– es sumamente heterogéneo.

Así pues, hemos ido aprovechando posibilidades organizativas que el sistema nos permite para hacer “adaptaciones curriculares”, “grupos de refuerzo”, “atención individualizada”, “créditos variables de ampliación”, etc. No voy a ser yo quien haga un juicio precipitado sobre la conveniencia de realizar agrupaciones diversas respecto a los alumnos, pues su evaluación debe hacerse in situ, ya que depende de cuál es su finalidad y cuáles son sus resultados. Es decir, en cada caso se debería determinar si la “nueva agrupación” no pretende excluir a los alumnos sino darles mayores oportunidades de aprendizaje y de éxito escolar. Y, por otra parte, si efectivamente se han conseguido mejoras reales en el aprendizaje de los alumnos. No comparto la idea de algunos pedagogos que consideran que las agrupaciones homogéneas son siempre segregadoras y que un sistema comprensivo debe ser sinónimo de “todos juntos” a cualquier precio. En mi centro, por ejemplo, los equipos docentes hacen una propuesta de agrupación para el curso siguiente que es asumida por el equipo docente que recibe a los alumnos, de manera que no hay un patrón fijo de agrupaciones, sino que depende de cada promoción, de las dinámicas de trabajo de cada grupo-clase e incluso del talante del equipo de profesores que analiza los grupos con criterio propio. Así, cada año, las agrupaciones son diferentes en función de las necesidades de los alumnos, cosa que me parece una verdadera mejora: sabemos qué agrupaciones tendremos y podemos preparar el nuevo curso en mejores condiciones.

Sin embargo, bajo los diferentes criterios de agrupación sigue predominando la idea de homogeneidad. Es decir, adoptamos formas más afinadas y ajustadas, pero seguimos considerando que las agrupaciones deben formarse con alumnos con características comunes para poder trabajar con todos y hacer, más o menos, “las mismas cosas”.

Creo que posiblemente deberíamos plantearnos la diversificación como una necesidad que va más allá de las agrupaciones heterogéneas o las mal llamadas “atenciones individualizadas”. La diversificación debería formar parte de la naturaleza misma de cada clase en cada una de las disciplinas. No hay una forma de trabajar, un currículum adecuado o unos objetivos de aprendizaje que sirvan para todos. Perseguir este justo medio es una quimera, no responde a las necesidades reales de los alumnos y acaba significando un empobrecimiento de sus posibilidades, a pesar de las buenas intenciones que ponemos los docentes.

Cada alumno es diferente y hay que asumirlo sin grandes proclamas ni aspavientos, modestamente, juiciosamente, serenamente. E intentar la diversificación con todos los alumnos en pequeñas dosis, de forma paulatina y, a ser posible, compartiendo con otros profesores las incertidumbres que sin duda surgirán. Y, por supuesto, con la participación activa de los propios alumnos, pues semejante proyecto implica un cambio serio en una cultura escolar basada en la uniformidad de ejercicios, exámenes, formas de trabajar, etc. Mi experiencia en ese sentido es muy estimulante porque asumir la diversificación como la forma natural de organizar nuestro trabajo en clase procura que cada alumno encuentre su espacio sin exclusiones. Y diversificar sin excluir es, a mi entender, el gran reto de la escuela actual. Así que habrá que ponerse a caminar, a ver hasta dónde somos capaces de llegar!


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Tengo noticia de una conferencia de José Antonio Marina, a través de Aulablog21 de Francisco Muñoz y, después de escucharla me quedo con el ánimo encogido: el filósofo defiende “un justo medio” en la secundaria obligatoria y “una enseñanza de calidad” [18'] en el Bachillerato! Vale la pena seguir la conferencia para ver que sus intenciones son loables, pues desea, por todos los medios, que los alumnos no abandonen el sistema escolar, ya que eso les conduce irremediablemente a la exclusión social [15']. Pero no a costa de “rebajar los niveles”, maestro. Y es que Marina parte de una idea homogénea de la clase [17'] y desatiende el hecho radical de que los alumnos son todos diversos y de que incluso los que van a cursar bachillerato... cursan la ESO. Este justo medio no hace más que condenar finalmente a los alumnos con menos recursos –intelectuales, culturales, económicos, etc.- y empobrecer a los que tienen más posibilidades. La conferencia, por otra parte, es bastante divertida y aporta también algunas ideas sobre la “pedagogía de los recursos” . Y en eso, sí, el profesor Marina da en la diana.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con tu análisis. Pero la mayoría de grupos sí son segregadores, se separa a los que van peor o los que traen problemas, rara vez son grupos de élite o mezclados. No se aprovechan suficientemente las optativas para diversificar el currículum. La clave, como dices, es diversificar desde el aula pero muchos profesores se encuentran sin herramientas que les ayuden a hacerlo y no existen asesorías donde preguntar; todo queda a la buena voluntad y recursos del docente de cada grupo. Laura

B dijo...

Es verdad que la mayoría de las agrupaciones, en la práctica, tienden a la exclusión. Pero eso depende más de las intenciones de los profesores que de las agrupaciones. La clave está en las finalidades de las agrupación y en la evaluación de los resultados obtenidos. Y eso depende, en gran medida, de la responsabilidad de los docentes. He trabajado con grupos de profesores entusiastas y verdaderamente comprometidos con alumnos en serias dificultades de aprendizaje y creo que hemos hecho grandes cosas con alumnos que, en los grupos pretendidamente homogéneos, estaban abandonados a su suerte, abocados al fracaso escolar.
La falta de herramientas y de asesoramiento no debería ser una justificación para la poca iniciativa de los docentes. Somos licenciados, adultos y profesionales.¿No podemos hacernos responsables de nuestra propia formación profesional y procurarnos los recursos necesarios para mejorar nuestra docencia? ¿No serán excusas, para justificar una incapacidad para el cambio y la mejora profesional? Naturalmente que la administración debería ponérnoslo todo más fácil, pero nos faltan grandes dosis de iniciativa. Cuando hablo de diversificación pienso en cosas pequeñas y sencillas que podemos hacer en el aula sin recursos suplementarios. Se trata más de un cambio de actitud que de un aumento de recursos.
Un saludo cordial,
Boris

Gabriela Monzón dijo...

Me parecen muy interesantes estas reflexiones, y el tema constituye una preocupación importante para mí como docente y formadora de docentes. En Argentina aún se da la situación de algunas escuelas en las cuales las divisiones de cursos en a, b, c,... se debe a supuestas diferencias entre los alumnos más avanzados y los más lentos. Terrible, si se tiene en cuenta la natural diversidad humana, y a su vez la catalogación feroz que se hace.
Más allá de eso, es necesario reconocer que hacemos malabares, que intentamos hacer propuestas abarcativas, que den a cada uno la posibilidad de dar de sí lo que pueda, sin aburrir a unos ni impedir el aprendizaje de otros; para lo cual la diversidad también nos da ventajas a la hora de hacer dar más pasos a los que más les cuesta... Pero... es pura voluntad, es puro empeño, como lo es brindar ayuda extra a quien más lo necesitan...
Cuestión no resuelta, acá y allá.
Un abrazo, Gabriela.

Montse dijo...

De nuevo quiero mostrar mi total acuerdo con tu forma de entender la educación. (Genial el post y el comentario que en él haces). Un saludo, Montse

eduideas dijo...

Totalmente de acuerdo. Muchos profesores aún creen que es mejor hacer grupos de rendimiento, con eso no sólo exckuyen sino que bajan el nivel general, pero se escudan en que así todos siguen. Curiosamente, como siempre les digo cuando debatimos, no querrían esos grupos para sus hijos y suelen preferir impartir los considerados altos

Alex Letosa dijo...

Durante mi experiencia como docente (y ya son quince años, madre mía!!!) y como investigador puedo decir que las agrupaciones heterogeneas con una metodología cooperativa, objetivos individuales autoregulados y el aprendizaje por proyectos són las estrategias más exitosas en la atención a las necesidades del alumnado. También he constatado, por contra, que una metodología llamada tradicional (expositiva básicamente) desde un profesorado apasionado y respetuoso és, igualmente, exitosa. Todas las investigaciones que conozco respecto la agrupación del alumnado concluyen que las homogéneas obtienen peores resultados en todas las facetas.

Boris Mir dijo...

Hola Àlex!

Gracias por el comentario.

Mi experiencia ratifica este antiguo post y tus consideraciones. Hay modelos diferentes de ser docente y ricas y diversas deben ser las metodologías. Pero lo igualitario, estandarizado e impersonal JAMÁS produce buenos aprendizajes.

Me alegra verte por aquí, espero que todo te vaya muy bien!

Un abrazo!

Boris

Pedro Fernández Michels dijo...

Considero la diferenciación una necesidad derivada de la realidad innegable de que cada estudiante (individuo) es diferente y entra en clase con sus propios y únicos intereses, historiales de aprendizaje, talentos, forma de ser, motivaciones.
La diferenciación externa (agrupar por edades y/o expedientes académicos) es poco eficaz (por decir algo) y no puede evitar que dentro de una misma clase nos encontremos con una diversidad abrumadora (y apasionante).
Unos métodos de agrupación interna (dentro de cada clase) son imprescindibles para conseguir el estado ideal en el que cada alumno pueda aprender según sus necesidades, sus capacidades y sus intereses.
Pero hacerlo bien no es fácil. Los problemas a los que nos tenemos que enfrentar en el intento de diferenciar son múltiples:
Hace falta encontrar criterios válidos de agrupación que realmente conduzcan a los fines que perseguimos.
Antes de poder agrupar de forma justa y correcta necesitamos saber muchísimo de nuestr@s alumn@s.
Si la diferenciación se quiere hacer a través de trabajos en grupo, proyectos, etc., primero tenemos que asegurarnos de que nuestr@s alumn@s conozcan y dominen las técnicas y las formas de colaborar.
Para evitar el desánimo y la desmotivación y una justa sensación de sentirse tratados de forma injusta a la hora de ser evaluados, tenemos que garantizar que tod@s conozcan de antemano los objetivos y los criterios de valoración del trabajo hecho (tanto el proceso como el producto) – idealmente l@s alumn@s deberían poder participar en el establecimiento de éstos criterios.
En el mismo contexto de la evaluación es necesario y justo que el trabajo y el esfuerzo de cada uno de los integrantes de un grupo sea verificable, visible y que se pueda discutir por tod@s.
El trabajo diferenciado en grupos a menudo requiere que se modifique, amplíe o rompa la lógica curricular del centro.
En cada situación habrá que valorar bien si la heterogeneidad o la homogeneidad es el patrón adecuado para el trabajo que se tiene en mente. No soy partidario de postulados dogmáticos que identifiquen solo uno de los dos supuestos como válido y eficaz.
De nuevo agradezco a tod@s el post inicial y los comentarios por hacerme pensar y reflexionar sobre mi propia actividad docente. Ayuda mucho!

Pedro Fernández Michels dijo...

En cuanto a la supuesta superioridad de los agrupamientos heterogéneos tengo que confesar mi (aún) poca formación en el tema. Pero me gustaría plantear algunas preguntas para que la sabiduría colectiva del blog me pueda ayudar:
¿En qué consistiría esa heterogeneidad?
¿Estaríamos hablando de alumn@s heterogéneos en cuanto a sus conocimientos y competencias? ¿O tal vez respecto a su interés y su motivación de participar en la tarea propuesta? Reconozco que ésta pregunta es un tanto retórica ;-). Tiene el siguiente fondo:
¿Se pueden esperar resultados de aprendizaje y de satisfacción (planteo algo que va más allá del puro rendimiento académico) en concordancia con las capacidades de cada uno de los miembros de un grupo cuando entre éstos miembros existe una disparidad en el interés o en la motivación por la participación en la tarea?

¿Por qué se insiste en la agrupación heterogénea si la idea de diferenciar está relacionada con el deseo de contrarrestar la heterogeneidad en el gran grupo?
¿Tal vez porque se espera que en un grupo pequeño es más fácil la sub-diferenciación repartiendo sub-tareas y aplicando una evaluación diferenciada según las personalidades del grupo (individualización)?
¿Qué se persigue o debería perseguir – equidad, excelencia, ambos?