1.11.08

Ni nativos, ni residentes... simplemente competentes digitales

Una competencia es la combinación de habilidades prácticas y cognitivas interrelacionadas con conocimientos, valores, actitudes y emociones, los cuales son movilizados conjuntamente para actuar de manera eficaz y eficiente.

Un competente digital, en consecuencia, es aquella persona que es capaz de realizar lo anterior en un contexto y con unos medios digitales. Y esto no tiene nada que ver ni con la fecha de nacimiento, ni con las horas de exposición a la red, ni con el uso concreto de determinados dispositivos, herramientas o juegos. A nuestro entender, son variables importantes para caracterizar a las personas en relación a las TIC, pero el núcleo duro del asunto se encuentra en el campo del saber y del aprendizaje.


Que los jóvenes de los países ricos hayan crecido en un entorno en el que las TIC están completamente socializadas, no debería crear falsas expectativas sobre su verdadera competencia digital. Una competencia va asociada a la acción eficaz y eficiente, así que debe significar un empoderamiento real de las personas. Ser experto en el uso de determinados dispositivos o herramientas digitales no es suficiente para considerar a alguien competente digital. Estas habilidades deben ser utilizadas para aumentar sus capacidades y su libertad y no para actuar, por ejemplo, como usuarios cautivos de grandes marcas como Google, MySpace, Flickr, YouTube o Facebook... convertidos en auténticos proveedores de ingentes cantidades de datos que serán debidamente aprovechados cuando convenga. La tan invocada conversación, co-creación, etc. tendrá siempre un contenido banal si no va aparejada a conocimientos, valores, actitudes y emociones valiosas. Leyendo estudios como el PIC y observando los perfiles de las personas que son sumamente competentes en entornos digitales, algo no encaja con todo el discurso imperante sobre los llamados “nativos digitales”. Conozco un montón de “nativos digitales” con poco pelo, algún que otro hijo y bastante vista cansada...

Por si esto fuera poco, algunas de las características asociadas a los nativos digitales (realizar tareas simultáneas aunque de bajo componente cognitivo, participar en la red con el fin de expresarse de forma subjetiva, crear su identidad pública sin ningún pudor, mostrar-se fascinados por las novedades tecnológicas, transgredir los usos habituales de las herramientas o los códigos comunicativos, etc.) son rasgos bastante propios de la adolescencia y de la juventud, que probablemente siempre han existido en sus correspondientes formas históricas. No niego que la juventud tenga un perfil actual específico, el que corresponde a un entorno digital, pero se ha sobredimensionado su importancia.

En fin, naturalmente que hay jóvenes competentes –y muchos! – pero no porque nacieran en tal o cual fecha, ni adoptaran ninguna determinada ideología geek o web 2.0, ni se sobreexpusieran a la red. Sencillamente, tenían más talento, capacidades y oportunidades para aprender que otros... y lo hicieron! A menudo con seriedad, esfuerzo, pasión y trabajo. Nada original ni exclusivo de su generación, la verdad.




Así pues, la capacidad de movilizar muchos tipos de conocimientos, de afrontar situaciones y problemas en el ámbito digital y tecnológico, de regular la dimensión cognitiva y emocional en función de unos intereses, cobra su verdadero sentido si es abordada en el marco del saber y no de la dimensión generacional.

Y esto nos remite a cuestiones centrales sobre el aprendizaje. Cuestiones nada novedosas como: ¿Qué es lo determinante para la adquisición de la competencia digital? ¿Cómo se consigue la transposición de los conocimientos a diferentes contextos digitales?¿Cómo aparejamos la competencia digital con valores y propósitos dignos? ¿Cómo se puede contribuir al crecimiento personal y ciudadano en este entorno digital? ¿Qué tipo de metacognición conviene para ir más allá de entrenar habilidades (ICT skills) o dominar aplicaciones? ¿Qué hábitos y usos tecnológicos son generadores de cultura?

Quizás deberíamos abandonar la obstinación por caracterizar a una generación y asegurar un verdadero empoderamiento de todas las generaciones a través de una promoción seria de las competencias digitales. No perdamos más tiempo en clasificaciones y orientemos el trabajo a reducir la brecha entre los competentes y los incompetentes digitales. Y, a su vez, en poner esta competencia digital al servicio de las necesidades de las personas, de la cooperación mutua, de la justicia o de la bondad. Importa poco si son nativos, inmigrantes, peregrinos, residentes, zombies o mutantes!


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Acabo de leer un magnífico post de Tíscar Lara que apunta ideas complementarias a las que acabo de escribir, con la seriedad y el rigor que acostumbra mostrar:
no dejéis de leerlo!