16.9.07

Sobre el primer día de clase

Aunque el primer día de clase es para conocer a los alumnos, en mayor medida es una jornada para que ellos te conozcan a ti. Echad cuentas: he tenido que “conocer” a ochenta y siete alumnos diferentes en tres días y ellos, a su vez, han “conocido” a nueve profesores. Posiblemente lo significativo de las primeras clases no está en determinar qué quieres saber de tus alumnos... sino en establecer qué quieres que ellos sepan de ti. Y no resulta nada fácil esta presentación personal, porque es extremadamente complicado controlar qué mostramos y cómo lo mostramos. Yo preparo mi clase inicial con la intención de que los alumnos me conozcan como persona y como profesor, así que sobre todo me muestro trabajando. Procuro no perder de vista que somos los profesores los que estamos padeciendo una verdadera e implacable evaluación inicial! Del grupo, me conformo con llevarme una primera impresión.

Explicar las normas de convivencia durante los primeros días no es tan importante como creemos. Las normas son parecidas en todo el sistema escolar y los alumnos llevan años en la escuela: no comer en clase, no hablar gritando, levantar la mano, traer el material, respetar la puntualidad, etc. En resumen, aquello que saben... hasta los que no van a la escuela! Es más, los alumnos que no cumplen las normas son aquellos que ya no las cumplían en el colegio y, por lo tanto, el tema es de mayor calado que el de informar de las normas. Incluso tenemos, en estos primeros días, la (aparente) impresión de que los nuevos estudiantes siguen un poco más las normas que los veteranos, cuando en realidad solamente están manteniendo una prudente actitud inicial. En cambio son fundamentales para la buena adaptación las formas de funcionamiento del centro, que suelen cambiar bastante entre la primaria y la secundaria. Un raudal de profesores y materias nuevas, cambios de aula, agrupaciones diversas, asignaturas optativas... Caramba! Eso sí que desconcierta a los pequeños de primero de ESO. En mi centro recibimos a los alumnos de primero a principios de Septiembre, con el instituto vacío. El equipo docente dedica una mañana a la presentación del curso, de los tutores y de los profesores. Presentación que incluye una gimcana en la que se recorre todo el centro y en la que se realizan pequeñas actividades para presentar las aulas específicas (laboratorios, gimnasio, aulas de informática, aula de música, aula de dibujo, etc.). Y esa misma tarde, hacemos una reunión con los padres de los nuevos alumnos.


Lo que hacemos durante estos primeros días sirve para muchas más cosas de las que hacemos explícitas. Son días clave para establecer la relación pedagógica entre profesores y alumnos. En estos fundamentales días se establecen, de todas todas, las bases de la futura relación pedagógica, más allá de las normas, el temario o los nombres de los alumnos. Se crea (o no!) la posibilidad de una relación duradera y fecunda. Tanto en los grupos-clase, pues se construyen las dinámicas de los grupos, los liderazgos, las sensibilidades dominantes..., como en la relación entre nosotros y nuestros escolares.

Y hay diferentes tipologías de relaciones pedagógicas en un entorno educativo. Estas vienen mucho más determinadas por la personalidad del profesor y su concepción del aprendizaje que por el contenido de la materia o la idiosincrasia del grupo-clase. Cada profesor debe ser consciente de qué tipo de relación le será más fecunda para su buen oficio. Lo primero que se aprende el alumno es al profesor. Y ello no puede ser soslayado en la presentación inicial, a menos que dejemos al azar tan importante cuestión.

Llevo el agua a mi molino, sin duda. La institución tiene sus costumbres y sus rituales de inicio de curso, que debemos respetar. Sin ir más lejos, yo realizo algunas cosas con las que no estoy de acuerdo, pero que han sido consensuadas en el centro y que asumo en beneficio de todos. Pero no dejemos ocultos aspectos como la relación pedagógica, que va a determinar el trabajo en el futuro. Solamente haciéndolos visibles podemos reflexionar sobre ellos y tomar las decisiones más convenientes.

Y como este año en Catalunya la movilidad del profesorado ha sobrepasado todo límite razonable, me permito un apunte más, sobre el consejo inicial que se suele dar a los profesores que llegan al centro o que se incorporan al sistema educativo. A saber: “Muéstrate riguroso al principio, no dejes pasar ni una. Después ya tendrás tiempo de ir soltando cuerda, es decir, de flexibilizar tus límites”. El consejo clásico remite a un determinado rol de profesor que no necesariamente debe ser el de todos. Muchos profesores noveles que encontramos en los cursos de formación nos cuentan que siguieron ese consejo y que se sentían profundamente incómodos. Eran aquellos a quienes no convenía esta estrategia inicial porque no favorecía el tipo de relación pedagógica que ellos ansiaban conseguir en el futuro. Así que es determinante un planteamiento inicial adecuado al tipo de relación que cada docente prefiera, en coherencia con cómo es él y cómo quiere realmente trabajar en su clase.

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Me han gustado mucho las propuestas de Lourdes, de Javier y de Víctor, tan diferentes y tan sugerentes para el primer día. Además nos permiten comparar maneras distintas de trabajar, sensibilidades diversas, concepciones profesionales complementarias del aprendizaje y de las formas de enseñar. Y es que ya lo dijo Murray Schafer, en El Rinoceronte en el Aula: “Cada docente es una idiosincrasia”!

31.8.07

Libros de texto


Los libros de texto insisten sistemáticamente en presentar los hechos sobre cualquier cuestión como si no hubiera discusión posible, como si se tratara de algo fijo e inmutable. Y aún peor si cabe, habitualmente no se menciona quién garantiza que tales hechos corresponden a tal caso, ni cómo o cuándo fueron descubiertos. No se transmite la menor indicación sobre la fragilidad y la ambigüedad del juicio humano, así como tampoco sobre las posibilidades de error. Los libros de texto presentan el conocimiento como un producto que se puede adquirir, nunca como el esfuerzo humano por comprender, por superar la falsedad y por avanzar, a trancas y barrancas, hacia la verdad.

Los libros de texto son, en mi opinión, enemigos de la educación, y sirven para promocionar el dogmatismo y el aprendizaje trivial. Tal vez ahorren al maestro alguna molestia, pero el daño que infligen a la mente de los alumnos constituye un infortunio y una maldición.




Llegados a este punto hay que aclarar que los dos párrafos anteriores están copiados del libro “El fin de la educación. Una nueva definición del valor de la escuela” de Neil Postman (1996). Añade Postman que los libros de texto son impersonales, carecen de voz propia –editorial obliga- y no revelan personalidad humana alguna (sic). Afirmaciones que suscribo casi en su totalidad. Y en el caso de la educación secundaria, su combinación de textos expositivos, fotografías convencionales y ejercicios manidos (cuando no imposibles!), todo ello perfectamente aséptico y descontextualizado, resulta aburrida de necesidad.

Yo añadiría un argumento personal: el libro de texto impide la entrada en clase de los verdaderos libros, copa su espacio tratando falsamente de substituirlos. Manuales, tratados, monografías, ensayos, libros de divulgación científica, biografías, etcétera no pasan por las manos de nuestros alumnos de secundaria. No para que puedan trabajar con ellos en profundidad, pues eso corresponde a la universidad, pero sí para que por lo menos sepan de su existencia!

Hace muchos años, en una clase de bachillerato dedicada al romanticismo musical, llevé a clase todos los libros sobre el tema que tenía a mi alcance. Creo recordar que había más libros que alumnos. Naturalmente nos limitamos a ojearlos, a cotejar portadas, títulos y diferencias. Pero el impacto que causó en los alumnos fue mayúsculo. Desconocían completamente que hubiera “tantos” libros sobre un tema. Les parecía asombroso. La cantidad de preguntas que surgieron sobre los libros, la musicología histórica, la producción de conocimientos o el acceso al saber, hubieran sido imposibles de haber trabajado con un libro de texto.

A nadie se le escapa cierta mala conciencia que expresa un dictamen común entre profesores que usan libros de texto: “Tenemos libro de texto, pero tampoco lo seguimos mucho. Es solamente un recurso más”. El libro de texto, cuando lo tienes, es el recurso. ¿Acaso no exigimos su posesión en clase a todos los alumnos? ¿Acaso no vienen determinados, las más de las veces, los exámenes por los capítulos del libro de texto? ¿Acaso no nos sirven para escamotear una verdadera reflexión didáctica en el seno de los departamentos?

No afirmaría con tanta rotundidad como Postman que estas consideraciones contrarias a los libros de texto nos obligan, de forma unívoca, a desterrarlos definitivamente de las aulas. Sé que hay mucha diversidad de opiniones al respecto. Sin embargo, todo profesor que utilice libro de texto debería tener presentes sus aspectos negativos para, por lo menos, minimizarlos.

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Estos días he leído muchos y muy dispares posts sobre libros y lectura. Nos faltaba otro clásico de principio de curso: los libros de texto. Se nota que muchos estamos dándole vueltas a la preparación de las clases... Empezar el curso me hace ilusión. Si no fuera porque me sucede cada año, me parecería increíble que aún sienta mariposas en el estómago ante el primer día de clase. ¡Que tengamos todos un buen año!

26.8.07

Cinco blogs que me hacen pensar



Ramon Castro

Gracias, Ramón!








Cròniques dels Ports Grisos

Gràcies, Marià!









Joardianweb

Gràcies, Jordi!








¡Piezas de a ocho!

Gracias, Gabriela!








Actimoliner

Gracias, Elisa!




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Vale, vale… a primera vista parece que hay algo de trampa y bastante de autobombo, pero tened un poco de sensatez. ¿Cómo agradecer las menciones a la vez que dar fin a esta simpática pero inacabable –creo que las progresiones geométricas de razón cinco son infinitas…- serpiente de verano? Al fin y al cabo, yo leo habitualmente los blogs de las cinco (estupendas) personas que me señalaron (craso error) y también ellas me hacen pensar… Pues eso, quedan agradecidas las menciones, recomendados cinco blogs y erradicada la perversa sierpe estival. Y con ella, las vacaciones.

Actualizado, 31 de agosto: Horror, no recordaba la inminencia del Blog Day, estoy por incorporar la etiqueta! :-)


18.7.07

Competencias digitales, glosa al meme de Ayerbe


Anna Pérez me incorpora a la larga lista del meme de Ayerbe. Podría afirmar que está todo dicho, que no tengo nada que añadir al meme y sería verdad. También podría decir que en este blog no se habla nunca de tecnología y sería verdad, aunque parezca una descortesía. Así que para ser coherente con el contenido del blog y no desatender la petición de mi amiga, no voy a responder al meme, pero voy a glosarlo.

Lo primero que me llamó la atención del meme son los supuestos que plantea: incorporar las TIC, por ejemplo, queda muy asimilado a crear un blog, asimilación que han seguido bastantes de las respuestas. La expresión “enredar con estas cosillas” me hizo sonreír a la vez que me alarmó. Sin duda el tono coloquial es para aproximar al lector, para crear un marco de fraternidad y compañerismo entre profesores. Pero también encierra un lado terrible: las TIC son solamente “cosas para enredar”. O a lo sumo algo que no deja de ser ornamental, accesorio, personal pero que no constituye algo importante en el ejercicio de la docencia. Y finalmente, lo que me parece más fundamental y sorprendente del meme es la idea implícita de que las TIC pueden ser algo que se “incorpora” a la asignatura según “quiere” (o no quiere) el profesor.

Y es que las TIC no se incorporan a la asignatura. Lo que debe incorporarse es la competencia digital o tecnológica y no en la asignatura sino en los objetivos de aprendizaje. Y las competencias digitales tienen poco que ver con muchas de las cosas que se hacen en la red con blogs y wikis por ejemplo, que son usados las más de las veces como sistemas de publicación. Práctica encomiable, pero que no atiende al meollo de la cuestión.

Las competencias digitales o tecnológicas son aquellas que hacen que los estudiantes demuestren pensamiento creativo, construyan conocimiento y desarrollen productos y procesos innovadores utilizando tecnología. Aquellas que hacen que utilicen medios y entornos digitales para comunicarse y trabajar de forma colaborativa para apoyar el aprendizaje individual y contribuir al aprendizaje de otros. Son aquellas competencias que permiten utilizar las herramientas digitales para obtener, evaluar y usar información. Las que hacen que usen habilidades de pensamiento crítico para planificar y conducir investigaciones, administrar proyectos, resolver problemas y tomar decisiones informadas con las herramientas y los recursos digitales apropiados. En fin, las competencias digitales son aquellas que hacen que los estudiantes entiendan los asuntos humanos, culturales, y sociales relacionados con la tecnología .

Todo esto, por supuesto, no me lo he inventado yo, son estándares educativos elaborados por expertos como los de la Sociedad Internacional para la Tecnología en Educación (ISTE). Estándares educativos que, como bien explica Jordi Vivancos, suelen diferenciar las competencias que necesitan los alumnos y las que necesitan los profesores.

Porque es imprescindible que todo docente adquiera competencias digitales, velis nolis. Es un aprendizaje obligado que ya debería formar parte de la formación inicial de los maestros en las universidades y de los futuros profesores de educación secundaria a través de los famosos másters, de implementación inmediata. Por cierto que en mi universidad, el Máster lleva dos cursos en marcha y no hay ni rastro de tales competencias... Y también debería formar parte de la formación permanente de los profesores que ya estamos en ejercicio. Aunque me temo que en la formación permanente todavía hay mucho de alfabetización digital y poco de verdaderas competencias digitales.

Tener o no tener un blog... esa no es la cuestión. Ni decidir si incorporar o no las TIC en nuestra asignatura. Ni siquiera echar una mano a nuestro colega del departamento. Todo esto lo hacemos y está muy bien, pero no nos engañemos, lo fundamental está en otra parte. Está en determinar si poseemos competencias digitales para poder ejercer la función docente en el siglo XXI. Y, respecto a los alumnos, si las actividades que proponemos desarollan realmente competencias digitales o son una mera transposición de actividades tradicionales a las nuevas herramientas. Para mí lo más preocupante del tema es que en los nuevos currículos se maneja un concepto de competencia digital obsoleto o, si se prefiere, de muy poco alcance: "iniciarse en primaria" y "desarrollarse en secundaria" (sic)! Este desastre lo explica muy bien Jordi Adell en su reciente conferencia en el IV Congreso Regional de educación dedicado a las competencias básicas y la práctica educativa, recientemente celebrado en Santander.

Puede sorprender, pero dudo de la eficacia per se de los blogs o los wikis en el fomento de las competencias digitales. Desde el punto de vista cuantitativo, sin lugar a dudas, pues la llamada blogsfera educativa no pasa de ser una bella curiosidad, atendiendo a la totalidad del cuerpo docente, formado por miles y miles de maestros y profesores. Tengo la impresión, quizás errónea, de que no se abordan las verdaderas necesidades educativas de los alumnos, pues se focalizan demasiado los esfuerzos en las herramientas en vez de hacerlo en las competencias digitales de los alumnos. Alumnos que, aunque no lo parezca, siguen siendo unos grandes ausentes. Sus puntos de vista o sus reflexiones raramente son consideradas con la seriedad que merecen en la generación de proyectos de aprendizaje. Esto es un déficit general de la escuela, pero en el caso de blogs y wikis da la impresión de que algunas veces se les impone, ad maiorem gloriam del "profesor TIC", la realización de blogs o wikis o el uso de la herramienta o recurso de moda. Y es que los alumnos y sus necesidades educativas reales deberían ser siempre el centro de todas nuestras cuitas en el tema de las competencias digitales.





Así que, incapaz de añadir nada nuevo al meme de Ayerbe, os invito a que reflexionemos sobre las competencias digitales, no sea que estemos confundiendo los medios con los fines. Y que reflexionemos también sobre si estamos realmente desarrollándolas con las actividades que proponemos a los alumnos. Leamos con detenimiento documentos como los que publica la ISTE, por ejemplo. Pienso que nos ayudaría a abordar el tema con mayor amplitud de miras, considerándolo en lo que me parece que es su verdadera dimensión educativa, más allá de blog o wiki, Moodle o Second Life, web 2.0 o software social.

Y con esto creo que debo llegar al final de este largo excurso. Pido disculpas por si alguien toma a mal mis palabras, pues no es mi intención desconsiderar el trabajo y el entusiasmo de muchos profesores en la red. Solamente aporto otro punto de vista, aunque prometo no volver a meterme en casa ajena. No voy a hablar jamás de tecnología en mi blog, palabra!


IV Congreso Regional de educación "Las competencias básicas y la práctica educativa", Santander (abril, 2007)

Information and Communication Technology in Secondary Education (UNESCO) (Competencias alumnos) (competencias profesores)

Estándares Nacionales sobre Tecnología Educativa para Alumnos (EEUU)

International Society for Technology in Education (ISTE)

National Curriculum in ICT (Reino Unido)

Competencias digitales a través del currículum de las àreas (Reino Unido)

BECTA, government agency for ICT in education (Reino Unido)

Antología de artículos publicados por el Center for Applied Research in Educational Technology (CARET)

NECC 2007 y NECC 2008 (sic)


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Los visitantes habituales conocéis los temas que ocupan este blog. No me considero en absoluto un profesor TIC, ni estoy especialmente ocupado en mis lagunas TIC, pues tengo grandes mares de ignorancia a los que debo prioridad. Pero me aplico también las críticas en primera persona, sin ninguna complacencia. Lo cortés no quita lo valiente.
Por cierto, felices vacaciones a todos!

6.5.07

El nuevo bachillerato

Seré franco: no me preocupa lo más mínimo si en el “nuevo” bachillerato y en la ESO puedo calificar con uno o cero los exámenes o los boletines, si debo “guardar” las notas de un curso para otro, si los alumnos van a promocionar de curso con dos, tres o cuatro asignaturas pendientes, si hay una, dos o tres asignaturas nuevas, si hay más o menos optativas y si tal o cual tema se ha excluído de los currícula.

Mis preocupaciones respecto al bachillerato son muy distintas. Son, por ejemplo y a bote pronto, como las que siguen:

Me preocupa cómo ayudamos a los alumnos a hacer la transición entre una enseñanza obligatoria y una postobligatoria, es decir, cómo podemos contribuir los profesores a que adquieran el nuevo “oficio de alumno” en un sistema eminentemente selectivo.

Me preocupa cómo hacemos compatible el trabajo del alumno en el bachillerato con las diferentes finalidades del mismo, es decir, cómo compatibilizamos un bachillerato destinado a las pruebas de acceso a la universidad con un bachillerato destinado a los módulos profesionales de grado superior.

Me preocupa cómo hacemos viable un currículum desorbitado –basado en la “jibarización” de las disciplinas académicas convencionales- con una disponibilidad horaria escasa, punteada además de salidas escolares, actividades generales en el centro, iniciativas sociales que requieren nuestra participación, etc.

Me preocupa cómo damos apoyo a los alumnos que no tienen un patrimonio cultural y familiar que respalde sus estudios de bachiller, es decir, cómo echamos una mano a aquellos alumnos que carecen de un entorno familiar y cultural facilitador del trabajo, responsabilidad y sacrificio que exigen unos estudios postobligatorios.

Me preocupa cómo modificamos nuestras prácticas docentes para atender a una juventud muy diversa que, afortunadamente, trata de romper las tendencias sociales que aseveran que cada estudiante alcanza solamente un nivel educativo superior al nivel educativo de sus progenitores.

Me preocupa cómo compensamos la brutal compartimentación de los aprendizajes con una visión más global de la cultura y el conocimiento, acorde, por lo menos, con cierto barniz cultural” que creo que debe garantizar el sistema educativo a todo bachiller.

Me preocupa cómo incorporamos las nuevas exigencias del currículum a nuestro “capital docente”, es decir, cómo hacemos compatible nuestra renovación permanente –didáctica, pedagógica y disciplinar- con el trabajo diario en el aula y en el centro, y con nuestra vida personal y familiar.

Me preocupa cómo convertimos el razonable desánimo del profesorado causado por los continuos cambios de organización, de currículo, de exigencias sociales que sufre la educación secundaria, en entusiasmo y coraje, absolutamente necesarios para afrontar los retos educativos que la sociedad exige a los docentes.

En fin, me preocupa cómo conseguimos un verdadero éxito escolar más allá de la casuística de los aprobados o suspensos, de las calificaciones numéricas de los boletines, de las repeticiones, de las asignaturas pendientes o los “cursos puente”, de los intereses políticos o del mundo académico, del informe PISA y de las medias europeas, de las posturas pedagógicas o de las antipedagógicas.


Es decir, me preocupa muy seriamente cómo hacemos que los alumnos realmente aprendan y se formen, cómo convertimos la generalización del acceso al bachillerato en la generalización del éxito escolar en el bachillerato. Por supuesto que también tengo mis opciones y preferencias respecto al bachillerato en tanto que ciudadano, padre y profesor de secundaria, pero, excusadme, me parece la letra pequeña de todo el asunto, algo que nos distrae de las que deberían ser nuestras verdaderas preocupaciones como docentes.

Espero no estar tan equivocado como para ser el único en verlo así.

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En catalán tenemos la bella expresión “foc d’encenalls” [fuego de virutas!], que significa cosa de poca duración, especialmente si al principio lleva mucha fuerza o esplendor y se extingue pronto. Así juzgo algunas iniciativas sobre el nuevo bachillerato. Acciones llenas de buenas intenciones, en el mejor de los casos. Cuando no, expresiones de cierta angustia colectiva ante la incapacidad de hacer frente a las dificultades de una profesión imposible o, siendo algo malévolo, nuevos ejemplos de la mezcla de medias verdades y buenos deseos, sabiamente aliñada con oportunas dosis de populismo antipedagógico.

PS. Acabo de leer algunos otros apuntes recientes sobre el tema. Con algunas matizaciones y con menos contundencia, suscribo bastantes de las afirmaciones de Montse Pedroche y de Pedro Villarubia.