11.10.15

Formación permanente del profesorado

En la inaplazable transformación de la educación, la formación permanente del profesorado tiene un papel determinante. Últimamente, en distintos proyectos y reuniones hemos tratado de la formación del profesorado en activo y, sinceramente, no tengo claro cómo debería organizarse. Sin embargo, pienso que el diseño de la formación del profesorado debería asumir determinados principios para ser más potente y transformadora. Enumero algunos, para la reflexión pública.

1. Trabajo y aprendizaje van juntos.
No hay un momento para trabajar y otro para aprender. Aprendemos trabajando y trabajamos aprendiendo: este es el modelo eficaz de formación en entornos profesionales complejos, flexibles y en constante cambio. Los cursos de verano o encuentros abren puertas y ventanas, es decir, informan pero forman poco.

Clase en Les Vinyes
Trabajar y aprender a la vez requiere de cierto estrés e incertidumbre constante. Si aprendes algo haciéndolo, no vas a hacerlo bien a la primera. Hay que asumirlo y convivir con ello. Equivocarse, rectificar y seguir sin penalizar los errores. Así es como se aprende, también en la formación permanente.

2. Aprender no es un evento, es un proceso constante.
Aprender es un proceso continuo, permanente, constante. Y un proceso integrado en las herramientas y actividades del trabajo profesional. Los periodos o unidades de formación se fragmentan cada vez más, pero son constantes. Aprendemos durante unas pocas horas o incluso minutos pero reiteradamente.
Breves situaciones de aprendizaje que adquieren sentido en un flujo de aprendizaje continuo. Quizás es el estilo dominante para cierta autoformación permanente o para el buen acompañamiento entre colegas.

3. Las necesidades del contexto determinan el contenido.
Aprendemos lo que necesitamos. Aprender siempre es contextual, lo relevante viene determinado por el desempeño profesional en situaciones específicas. Ahora me iría bien saber sobre esto, conocer mejor esto otro, saber hacer aquello.
Así que aprendemos cuando queremos o tenemos la necesidad de hacerlo.

Aprendemos cuando obtenemos un beneficio de ello, no cuando otros deciden qué debemos aprender, sea la dirección del colegio, sea la administración o la gerencia. También los aprendizajes profundos o reflexivos surgen de una necesidad: comprender, reorientarse, repensar las cosas, evaluar, crear.

4. La formación eficaz es radicalmente personal.
El aprendizaje es personal y debe ser "autodirigido". Esto no significa que sea solitario, todo lo contrario. Aprendo lo que me interesa con quien me interesa. El verdadero aprendizaje nunca tiene valor de cambio, tiene valor de uso. Estudiar para una examen o certificación es ineficaz a medio y largo plazo.

No se trata únicamente de personalizar los contenidos, también hay que personalizar los métodos y los sistemas de evaluación. Y posibilitar la elección, como ya proponía Freinet.

5. La formación tiene un fuerte componente social y situado.
Los mejores aliados de nuestra formación son las personas con las que trabajamos cada día. Básicamente nuestros colegas o jefes inmediatos. En un claustro, "los formadores" son los docentes con los que comparto minutos, espacios, reuniones, almuerzo. Un conjunto de personas que puede ser o una rica comunidad de práctica o un desierto comunicativo.

Claustro en Les Vinyes
En el Institut-Escola Les Vinyes, por ejemplo, la unidad real de formación es el equipo docente. Ni más, ni menos. Y en mi clase, la pareja o el grupo cooperativo. Cuando nos juntamos los docentes, somos comunidad de práctica, y la base de la formación en nuestro claustro es el intercambio, el debate y la reflexión compartida sobre nuestras prácticas.

6. La formación necesita conceptos e ideas complejas.
Reflexionar sobre la experiencia propia y de otros es imprescindible. Compartir lo que se hace permite aflorar los saberes implícitos. Pero no es suficiente. Formarse requiere también herramientas intelectuales y conceptos para interpretar la realidad y comprenderla. La formación seria necesita fundamentos teóricos serios. Hoy por hoy, eso se aprende leyendo libros. No concibo una persona bien formada que no sea una persona muy lectora. Yo, por lo menos, no he conocido nunca a ninguna.

No sé qué modelo de formación permanente es el mejor, pero creo que el modelo debería ser coherente con lo que sabemos sobre el aprendizaje y con la experiencia de formadores que tenemos. Este debería ser el punto de partida para nuevas iniciativas de formación del profesorado.

8 comentarios:

Joselu dijo...

Lo que yo conozco está muy lejos de este modelo que planteas. Los cursillos de formación suelen ser nada interesantes y los profesores van por imperativo de dirección o por necesidad de puntos para los sexenios. En los equipos docentes no hay ningún tipo de formación fuera de hablar de los alumnos o la organización concreta de alguna actividad. No hay búsqueda de conceptos alternativos para la gestión del funcionamiento de la educación. Intuyo que muy pocos profesores leen algún libro sobre educación. La inmensa mayoría no lo hace. Raramente se introducen planteamientos experimentales fuera de poner algún vídeo o power point en el cañón digital que es el súmum.

En mi centro he pensado buscar algún espacio para difundir nuevas herramientas digitales que son desconocidas totalmente por la comunicad educativa. Raramente se investiga. Se enseña como hace veinte años o cuarenta. No hay mayor reflexión que la de entrar en clase y explicar para quien quiera escuchar. Luego el examen y se cierra el proceso con la evaluación cuyo sentido es el mismo que hace los mismos años.

Supongo que el instituto Les Vinyes estáis profesores con vocación innovadora, pero no es lo que domina en general. El panorama es decididamente conservador. Los profesores innovadores están solo por completo -en lo que yo conozco-. La formación es considerada algo inútil.

En mi experiencia personal no he asistido a cursillos de formación prácticamente nunca. Mi formación es personal, investigando por mi cuenta, leyeno libros, conociendo experiencias educativas de profesores que hablan en la red sobre ello. En Scoop.it, SlideShare, blogs, redes sociales, etc. Si tuviera que aprender por lo que me aportan mis compañeros, creo que podría esperar sentado.

eduideas dijo...

Post muy interesante, que suscribo en su totalidad. Comento

1) Creo que sí son necesarias estas puertas y ventanas que suponen cursos o jornadas pero luego hay que acompañar en el proceso. Necesitamos más asesores que vengan a los centros a ver cómo se traslada eso o bien equipos docentes que asistan juntos a formacionbes y luego debatan cómo aplicar lo que se aprende en ellas.

2) Muchos profesores no tienen ese espíritu de aprender constantemente, como comenta Joselu, lo habitual no es el claustro de Les Vinyes. Por eso siguen enseñando lo que aprendieron en la carrera o como alumnos de la misma manera, porque cambiar requiere esfuerzo, un esfuerzo que no se reconoce y que su falta no se penaliza de ninguna manera. Una vez se entra en la docencia, que es difícil en algunos casos, ya se puede hacer casi cualquier cosa por desgracia

3) Totalmente necesario adecuar la formación al contexto, por eso habría que distinguir entre actualización científica, didáctica, experiencias, formación social... las prioridades oficiales dependen demasiado de modas y no hay continuidad en las mismas ni son adecuadas a según qué centros. Necesitamos más variedad de formaciones

4) Esa elección debería posibilitarse con horas para ello en el horario, en diferentes modalidades, para que cada uno escoja según su situación vital: presencial o en red, concentrado o poco a poco, en verano o durante el curso... Más itinerarios que comprendan niveles de profundidad con posibilidad de reconocimiento y evaluación

5) Para eso debe haber momentos de coordinación que vayan más allá del debate de casos o de las informaciones del día a día, algo que no es frecuente en los claustros ni reuniones de departamento

6) Exacto, la teoría ayuda a la p´ractica y aquí se debería obligar a actualizarse, muchos no han avanzado nada desde la licenciatura, aunque la obligación case mal con nuestra profesión. Y el tema lectura, es obvio, pero tampoco por desgracia la tónica general

Boris Mir dijo...

Hola Joselu, muchas gracias por el comentario.

En mi texto no me pregunto sobre la necesidad o el deseo de los profesores de formarse. Reflexiono sobre las condiciones que creo que debería tener una formación eficiente. Y me refiero a las condiciones de la formación organizada y regulada, más allá de la autoformación que propones y de la que tú eres un vivo y gran ejemplo.

Yo mismo, que he asistido a numerosos cursos y cursillos, a charlas y jornadas de formación... veo que este tipo de formación tiene poco impacto real en mi práctica.

Otro tema es que en tu centro no exista necesidad real de cambio o de crecimiento profesional de los docentes. Y este es un problema sistémico en la educación pública. Seguir haciendo lo mismo que hace 25 años sale "más barato" que tratar de cambiar y mejorar: el sistema incentiva la pasividad y el acomodo en lugar del desarrollo personal y profesional de los docentes.

En Les Vinyes, afortunadamente, hay muchos docentes con ganas de mejorar y transformarse, es verdad. Pero creo que los hay en otros centros, incluso en el tuyo debe haberlos...

Lo que ocurre es que en nuestro centro el PEC, la organización, las prioridades, las necesidades... empujan al profesorado a cambiar y a aprender. Si vienes "con lo puesto", en nuestro institut-escola simplemente no vas a ser capaz de trabajar por proyectos, dar más de una asignatura, ser tutor individual, elaborar un trabajo globalizado y ejecutarlo con tu equipo, etc. Pero eso sería otro tema. Te invito a ver este vídeo: https://vimeo.com/123535201
En este contexto tenemos necesidad real de formarnos. :)

Boris Mir dijo...

Gracias, Eduideas, por tus observaciones. También las comparto al 100 %!

Insisto en que la necesidad de la formación debe existir al margen del modelo de formación que queramos establecer. Si las demandas sobre la escuela han cambiado, deberíamos aprender a dar respuestas a esta nueva educación.

Y las demandas actuales han cambiado y no estamos, a mi entender, preparados para ello. Me refiero a centrarnos en el aprendizaje y no en la docencia, a contextualizar y globalizar los contenidos, a personalizar el aprendizaje, a abordar problemas y situaciones reales, a encarnar valores y prácticas sociales contemporáneas, etc.

Asumir esto significa aceptar que debemos capacitarnos para ser docentes que dan respuesta a estas nuevas necesidades de la escuela. Luego añádele un buen sistema de formación y la escuela podrá, quizás, cambiar! :)

nuria dijo...

Estamos a vuestra disposición para ofrecer formación para profesorado en este ámbito de crecimiento personal que planteas :)

Lo hablamos? sophiaeducationfunds.org

N.

Pedro Fernández Michels dijo...

Hola Boris y demás,
a raiz de la entrada sobre la formación del profesorado vengo a expresar mis penas sobre lo que en demasiadas ocasiones todavía parece soler ocurrir en mi propio campo de la enseñanza: los idiomas. Con mucha pena veo que la práctica docente acutal a menudo dista mucho de lo que en teoría ya sabemos - que las competencias en idiomas (también en el propio) se adquieren mejor si el aprendizaje es activo, contextualizado y basado en necesidades e intereses reales que conecten con los alumnnos y las alumnas.
Ante lo que veo a través de los tests, los deberes y los relatos de mis dos hijos veo que estos principios aún no han calado en gran parte del profesorado - y lógicamente también me pregunto ¿por qué? Los contenidos puramente gramaticales, los tests enfocados a determinar quién se sabe mejor el librito de las conjugaciones del Sr. Xuriguera y la reducción de un fenómeno tan hermoso como es un idioma a un indigesto aparato de reglas sucintas no pueden hacer feliz ni al profesor/la profesora ni al alumnado. ¿Por qué, entonces, la insitencia en métodos anticuados y inadecuados para la adquisición de una buena competencia comunicativa, el desarrollo del gusto por la lectura y el manejo creativo y eficaz de los idiomas? ¿Es un problema curricular? ¿Tenemos que buscar la razón en la calidad de la formación permanente del profesorado?

Saludos,
Pedro

Boris Mir dijo...

Hola Pedro!
No tengo respuesta a tus preguntas. :)
Si duda la concepción de lo que debemos enseñar -una competencia comunicativa o la lengua como objeto de estudio - se mezcla con las diferentes metodologías a aplicar. De ello resulta una buena confusión entre propósitos i métodos de enseñanza, que complica mucho las cosas...
La buena competencia comunicativa, el desarrollo del gusto por la lectura y el manejo creativo y eficaz de los idiomas que comentas es complejo de generalizar, estandarizar y evaluar en "exámenes", así que requiere un trabajo más exigente, complejo y personal por parte del docente. Y eso es complicado! :)
Un abrazo

María José dijo...

La formación permanente del profesorado es un tema que nos parece de especial interés. Somos un grupo de alumnas de pedagogía, y hemos tratado de cerca temas como la educación permanente y su importancia.

La formación permanente del profesorado consideramos que es un requisito indispensable para el desarrollo profesional de todo docente y uno de los criterios que definen la calidad de la educación.

Estamos de acuerdo con los principios que propones a seguir por el docente para la consecución de esta formación, en especial que el aprendizaje es personal y debe ser “autodirigido”, y el fuerte componente social de la formación.

Sin embargo el esfuerzo personal y la motivación por parte de los docentes, es el elemento crucial que hará posible llevar a cabo esa formación permanente. Sin ellos, no puede llevarse a cabo, y son muchos los docentes que no poseen interés por ello.

La dirección de los propios centros debería saber captar el interés de los profesores, igual que éstos el de los alumnos en las aulas, consiguiendo que sean conscientes de la importancia de permanecer en formación y los beneficios de ello.