21.6.06

Más sobre "pedagogías del problema": las máquinas de Rube

Rube Goldberg, una persona fuera de lo común en muchos aspectos, dejó tras de si una pléyade se seguidores dispuestos a emular sus complicadas "máquinas de Rube". En el campo educativo también han tenido cierto éxito y son otro ejemplo de las "pedagogías del problema" que tratamos en un post anterior.

En Estados Unidos estas máquinas han generado una gran competición anual: Rube Goldberg Machine Contest. Estas competiciones incluyen todas las edades y niveles educativos, siendo muy valoradas por las univerisidades de ingeniería. Empiezan a nivel de estado y acaban en una competición nacional.


Vale la pena echar una mirada pedagógica a las especificaciones del concurso, pues constituyen una buena muestra de cómo deben plantarse obstáculos para "empujar" al alumno a aprender. Estas obligaciones son las que impiden "hacer" sin adquirir nuevos conocimientos, es decir tratan de impedir que los alumnos sepan sin aprender, como sosteníamos en el post anterior. Sin las obligaciones, las máquinas de Rube Golberg pierden mucho de su potencial educativo.

Y estás obligaciones vendrán determinadas, precisamente, por los objetivos educativos que nos hayamos propuesto. Si queremos que aprendan algún principio de mecánica, algún uso específico de materiales, determinada propiedad física, etc. debemos exigir unas condiciones de realización o unos criterios de éxito que no puedan ser cumplidos sin alcanzar los objetivos.

Naturalmente, estas obligaciones deben ir acompañadas de un sistema de recursos que ayuden a superar las dificultades. En el ejemplo que presentamos, la interacción entre los estudiantes del equipo, las pruebas de ensayo y error, los cálculos matemáticos, etc. deben ayudar a superar las dificultades. Este es el verdadero potencial educativo el proyecto: no la tarea misma (la máquina) sino el aprendizaje que exige (la comprensión de las leyes físicas o de la mecánica, el uso creativo de los materiales, etc.) el cumplimiento de los requisitos (las especificaciones de concurso).


Tampoco se puede olvidar nunca el producto final, puesto que la tarea es, en última instancia, lo que orienta la acción del alumno y estimula su entusiasmo. ¿Qué alumno no está orgulloso de su construcción, de su obra de teatro, de su creación musical, de su blog o de su máquina de Rube?

Os dejo con algunos ejemplos de "máquinas pitagóricas", que es como llaman los japoneses a estas verdaderas creaciones. Proceden de un programa que emite la televisión educativa de Japón, destinado a las escuelas de primaria. Cada programa intercala alguna "máquina pitagórica" y el vídeo es un recorta-y-pega de estos momentos. Son unas muestras que combinan precisión técnica con originalidad y simplicidad y, como veréis, están realizadas por un auténtico equipo de ingenieros.




---
La musiquilla se pega de lo lindo: a mis hijos les encantó el vídeo y se pasaron un fin de semana cantando "pitagora soichi!". El que avisa no es traidor.

17.6.06

La innovación, que sea en el aula


Jaume Carbonell, director de Cuadernos de Pedagogía, a propósito de los cambios que se avecinan en la formación inicial de los maestros, escribe lo siguiente:

“se constata la falta de una perspectiva globalizadora e interdisciplinar, centrada en proyectos, problemas relevantes o temáticas nucleares, tratando de incorporar los planteamientos vanguardistas que tienen lugar en la escuela. En este sentido, las escuelas universitarias y facultades de Educación deberían convertirse en un laboratorio de ensayo de las experiencias más innovadoras, tanto en la intervención docente universitaria como en las prácticas desarrolladas por los estudiantes en los centros u otros contextos educativos.”
Cuadernos de Pedagogía, Junio 2006; n.358

Comparto completamente el diagnóstico: sigue faltando una perspectiva globalizadora e interdisciplinar, centrada en proyectos, problemas relevantes o temáticas nucleares. No comparto tanto la manera de exponerlo, con términos como "planteamientos vanguardistas", "laboratorio de ensayo", "experiencias innovadoras"... pero quizá será que ya empiezo a hacerme viejo.

Sin embargo, discrepo totalmente de su propuesta: las escuelas universitarias y las facultades de educación en ningún caso deben ser "un laboratorio de ensayo de experiencias innovadoras". Los innovadores debemos ser los maestros y los profesores de aula, en los contextos reales de aprendizaje. Las universidades, que nos asesoren -si quieren, saben y pueden...- y que trabajen, codo con codo, con nosotros.

Las experiencias innovadoras no se experimentan: se llevan a cabo. Y los maestros y profesores que se comprometen con ellas suelen aprender y mejorar en su oficio. Pero, ay!, no se traspasan así como así. Porque este trabajo - profesión/oficio/arte, según cada cual! - es irrepetible, se da en contextos específicos, con adultos y niños concretos, es decir, no hay experimento que valga!

Así que las universidades y facultades de educación ofrezcan una sólida formación referida al paradigma de las ciencias de la educación y, si quieren, traigan a los jóvenes maestros y profesores a nuestras aulas, se remanguen con nosotros y posibiliten que llevemos a cabo, juntos, nuevos (o viejos) proyectos educativos.


---

Bastante trabajo tienen las universidades y facultades para encarnar "experiencias innovadoras" en su propia práctica docente! Los alumnos de prácticum que llegan a mi aula, tienen los apuntes y la bibliografía llenos de "experiencias innovadoras". Pero repiten, con menor o mayor fortuna y sin apenas darse cuenta, los modelos de profesor que padecieron. Qué van a hacer, si jamás han vivido como alumno ninguna práctica innovadora en su historia personal.

12.6.06

Un ejemplo de las "pedagogías del problema": Apuntelypsis Now!


En la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, José Luis Orihuela imparte el curso "Escritura no lineal", que tiene un subtítulo curioso, sugerente y algo pretencioso: "Teoría, análisis y desarrollo de proyectos de comunicación interactiva: información, hiperficción, educación, promoción y arte en soportes digitales". Casi nada!

El curso cuenta, entre otros recursos, con blogs de alumnos y algunos de ellos son francamente divertidos y merecen una visita. Como todo curso que se precie, también tiene su clásico "proyecto final". Algunos de estos proyectos se encuentran en la red.

Tres alumnos del curso -Alberto Riol, Mariola Ansoain y Elena Elizburu- decidieron no pasar por el Rincón del vago y realizaron una narración de "escritura no lineal" basada en los apuros de un estudiante en busca de los apuntes para preparar el examen final de la propia asignatura. Este proyecto puede verse en: Apuntelypsis Now. Es un trabajo bastante interesante y divertido, que vale la pena de ver.


Lo presento porque creo que podría ser un buen ejemplo de uso de los recursos TIC desde el punto de vista de las metodologías basadas en una "pedagogía del problema". En román paladín: podría ser un buen ejemplo de aquellas metodologías que se proponen poner al alumno frente a una tarea de gran alcance, una tarea que sea capaz de despertar su interés y conseguir llevar a cabo los aprendizajes deseados. Léase el conjunto de "métodos por proyectos", "pedagogía de lo concreto", "método del caso", "Aprendizaje Basado en Problemas [ABP o PBL]", etc.

Lástima que desconozcamos cuales eran los objetivos de aprendizaje de la propuesta, pues para evaluarla nos iría bien conocer los propósitos que trata de alcanzar.

Podemos aventurarlos, después de visitar la página. ¿Qué pueden haber aprendido los tres estudiantes realizando el trabajo? A usar el Google Vídeo, a registrar y editar vídeos -aunque los vídeos presentados no tienen prácticamente ninguna edición-, a diseñar una página con Dreamweaer o similar, a tratar imágenes y enlazarlas, a elaborar un guión, a actuar y disfrazarse, etc. ¿Eran estos los objetivos del curso? Supongamos que fueran estos, ¿la realización del proyecto supuso una mejora substancial de los conocimientos de los tres alumnos respecto a estas capacidades? Y, lo que me parece todavía más sustantivo, ¿ofreció el profesor/la institución/ etc. un sistema de restricciones y ayudas para garantizar que la realización del proyecto no quedara en una mera aplicación de los conocimientos que los alumnos ya tenían a una nueva situación?

Porque aprender es siempre la solución más costosa. Este es, a mi entender, el principio que a menudo desatienden los partidarios de las "pedagogías del problema". Llevados por la indudable capacidad de movilización, de motivación que suelen tener las buenas propuestas de este tipo, los alumnos se lanzan a trabajar con entusiasmo. Y, naturalmente, esto no es poco! Pero, no es suficiente. La prioridad del alumno o del grupo de alumnos que tratan de resolver la situación, no es aprender, sino "resolver" el problema. Es decir, cada alumno aporta lo que ya sabe para alcanzar el proyecto -¿Albert fue el webmaster, Mariola actuó y Elena filmó?

Creo que Meirieu lo resume bastante bien cuando sostiene que todo el esfuerzo de la pedagogía de las situaciones-problema deber centrarse en organizar metódicamente la interacción entre el problema y su solución, para que, en la resolución del problema, se lleve a cabo el aprendizaje. Esto requiere que aseguremos al mismo tiempo la existencia de un problema por resolver y la imposibilidad de resolverlo sin aprender.

Por eso siempre propongo a mis alumnos del CAP una reflexión sobre la siguiente afirmación: "La misión del profesor consiste -entre otras muchas cosas- en tratar impedir que los alumnos sepan sin aprender."

Si, también ellos fruncen el ceño...
Esto bien merece otra entrada.
Continuará.


- - -

PS: todo esto viene a propósito de la "II Jornada d'aplicació a l'aula de l'aprenentatge basat en problemes (ABP - PBL)" que organizó el ICE de la Universitat Autònoma de Barcelona. Como no pude confrontar mis ideas con Andreu Rodón -verdadero factotum del evento- las presento en el blog, a ver si me aclaro.

21.5.06

Consideración social de "los" maestros o de "mis" maestros?



Mariano Fernández Enguita, catedrático en la Universidad de Salamanca, publica en su blog un texto sobre la consideración social de los maestros. Reproduzco un fragmento:

"Un estudio reciente de la Fundación BBVA sobre la confianza de los ciudadanos en doce países (Alemania, Chile, Dinamarca, España, EEUU, Francia, Israel, Italia, Japón, México, R. Unido, Rusia y Turquía) vuelve a echar por tierra los manidos tópicos sobre la falta de reconocimiento de la profesión docente en nuestro país.

En una escala de 0 a 10, los españoles confían especialmente en científicos (7.3), médicos (7.1) y maestros (6.9), por encima de comerciantes (5.7), policías (5.6) periodistas (5.5), jueces (5.4) y militares (5.0), y suspenden a empresarios (4.9), funcionarios (4.8), religiosos (4.4) y políticos (3,7)."

Más allá de los comentarios de Fernández Enguita sobre el alto grado de confianza que la sociedad concede a sus profesores y de la necesidad de tomar nota y hacer honor a esa confianza, me llama la atención que entre los menos valorados se encuentran los funcionarios (4.8). Teniendo en cuenta que el sistema educativo público está constituido por docentes funcionarios, se me hace difícil compartir el optimismo de Fernández Enguita. ¿Se ha dado cuenta, el generoso encuestado, de la condición de funcionario que ostentan la mayoría de los maestros y profesores de este país? ¿A qué maestros y profesores se refieren los encuestados? No será que asumen una visión idealista del profesor-mentor, del maestro que imagina (mitifica?) José Antonio Marina, ese "profesional de la esperanza, el incansable, humilde y magnífico cuidador del futuro", en lugar del maestro real, el maestro de la escuela de nuestros hijos? Es decir, no será que las respuestas están basadas en el valor que se concede a la función que cumplen determinadas profesiones (científicos, médicos y maestros: que bella trilogía...) en nuestra sociedad?

No conozco de primera mano la encuesta que cita, pero me temo que si la pregunta se hubiera formulado sobre la propia experiencia escolar del encuestado o sobre la experiencia escolar de hijos y familiares otro gallo nos cantaría... o no?

12.5.06

Diez desafíos para los formadores de profesores

Esta tarde he participado activamente en una reunión de formadores. Un conjunto de profesionales excelentes vinculados a la Universidad Autónoma de Barcelona. Hemos valorado un proyecto de formación que hemos llevado a cabo con profesores noveles, el programa de formación inicial para profesores interinos.

Salgo confuso: sobre la valoraciones escuchadas, sobre los proyectos de las instituciones, sobre la eficacia de la formación, sobre mis propias intervenciones (!)... En fin, acudo a Perrenoud para releer algunos de los desafíos que deben/debemos plantearnos los formadores de profesores.

Perrenoud los formula como contradicciones que no resultan fáciles de superar. Creo que vale la pena leerlos y reflexionar sobre ellos. Los diez desafíos son los soguientes:

l. Trabajar sobre el sentido y las finalidades de la escuela sin hacer de ello una misión.

2. Trabajar sobre la identidad sin encarnar un modelo de excelencia.

3. Trabajar sobre las dimensiones no reflexionadas de la acción y sobre las rutinas sin descalificarlas.


4. Trabajar sobre la persona y su relación con los demás sin convertirse en terapeuta.

5. Trabajar sobre lo silenciado y las contradicciones del oficio y de la escuela sin decepcionar a
todo el mundo.

6. Partir de la práctica y de la experiencia sin limitarse a ellas, para comparar, explicar y teorizar.

7. Ayudar a construir competencias e impulsar la movilización de los saberes.

8. Combatir las resistencias al cambio y a la formación sin menospreciarlas.

9. Trabajar sobre las dinámicas colectivas y las instituciones sin olvidar a las personas.

10. Articular enfoques transversales y didácticos y mantener de una mirada sistémica.



Muy interesante, sin duda.
Unos ingredientes muy sugerentes.
Pero esta sopa, cómo se cocina?