15.3.20

Estudiar

Es un lugar común afirmar que la escuela “prepara para la vida”, pero cada uno otorga el significado que quiere a esta idea.

Si consideramos que se aprende siempre y en todas partes, ¿para qué hay que ir a la escuela? ¡La vida ya te formará para la vida! Quizás la escuela debería proveerte, precisamente, de aquellos conocimientos que la vida “ordinaria” no te ofrece.

Siguiendo con este razonamiento, cabe preguntarse si hay algún tipo de aprendizaje concreto o específico que se desarrolla en la escuela y que la hace imprescindible y la singulariza en relación con este “aprendizaje permanente” que la vida nos ofrece.

En la escuela clásica, el estudio es la forma específica de desarrollar la competencia propia de la escolarización obligatoria: en la escuela, sobre todo, se aprende a estudiar.


En la Universitat de Manresa con mis alumnas.

La parte relevante de este "estudiar", sin embargo, no es adquirir el conocimiento “de algo”, ni siquiera aprender “de memoria” o “instruirse” sobre historia, filosofía, matemáticas, latín o griego per se.

Estudiar significa examinar atentamente “algo” para determinar su naturaleza, el carácter, la significación, para interpretarla, para reproducirla y, sobre todo, aprender a hacerlo para poder emplearla en “la vida no escolar”. Estudiar sí, pero en el sentido de comprender más profundamente. Puede ser la medicina, las matemáticas o lo que sea culturalmente relevante, pero no como un fin en sí mismo.

Lisa y llanamente, la escuela nos enseña a estudiar, por supuesto. Nos debe capacitar para estudiar, pero para desarrollar la competencia de comprender profundamente. Sin confundir o asimilar el desarrollo de la capacidad de comprender – necesaria para una vida plena – con la actividad de memorizar o saber algo.

Este "estudiar" es el que nos prepara para la vida, no el estudiar académico que solamente atañe a la propia vida escolar.

16.2.20

Medir

En nuestra obsesión por alcanzar y medir objetivos de aprendizaje hay una cierta deriva productiva que me incomoda profundamente. Podemos acabar valorando las propuestas de aprendizaje como si todo fuera “tiempo productivo” y eso, seguro, va en detrimento de la significatividad y profundidad de la experiencia de aprendizaje.

Quizás estamos buscando evidencias de aprendizaje por encima de nuestras posibilidades. Estaría bien admitir humildemente que el acto educativo depende de muchas variables y que, como dice Gert Biesta, el bello riesgo de educar siempre es singular y abierto a lo imprevisible.


Proyecto en el Institut Escola les Vinyes

Publicado originalmente en la web profesional de Boris Mir

8.9.19

La cultura pedagógica del trabajo cooperativo

Muchas actividades de trabajo cooperativo organizan en torno a las “técnicas de trabajo cooperativo”, es decir, se centran en desarrollar dinámicas de cooperación y colaboración entre los alumnos. Hablo de técnicas como “El puzzle”, “La hoja giratoria”, “Lápiz en medio”, “1-2-4”, etc.
Estas técnicas, sin embargo, deben darse dentro de una cultura colaborativa en la que docente y aprendices forman parte de una misma comunidad de aprendizaje. Sin la existencia de esta vinculación y corresponsabilidad compartida sobre el aprendizaje propio y el de los compañeros, las técnicas de trabajo cooperativo solamente significan una aportación instrumental a la gestión del aula, pero no permiten explotar todo su potencial formativo.
Grupo de Trabajo en el Institut-Escola Les Vinyes

El segundo elemento, muy a menudo ignorado, es la relación entre las técnicas de trabajo cooperativo y las habilidades y capacidades a desarrollar sobre el trabajo en equipo. El trabajo en equipo es mucho más que el trabajo en grupo y necesita la praxis y la reflexión explícita sobre habilidades individuales y sociales. Esto va mucho más allá de “practicar estructuras cooperativas”. Estas habilidades deben ser un objetivo de aprendizaje, no un prerrequisito. Y probablemente son las que más justifican el uso del trabajo cooperativo en los entornos de aprendizaje. Aprender a “ser un equipo” es un objetivo de aprendizaje de primer orden.
Es decir, hay que generar una cultura de la colaboración y una comunidad de aprendizaje para que las técnicas de trabajo cooperativo tengan sentido. Y al mismo tiempo hay que centrar el aprendizaje en el desarrollo de capacidades individuales y grupales de trabajo en equipo, necesidades de aprendizaje imprescindibles para desarrollar competencias socio-emocionales.

25.5.18

El deseo de aprender

Según los resultados del Edubarómetro catalán, cuando interrogamos a familias y docentes sobre qué necesitarán los jóvenes para que les vaya bien en la vida, encontramos una respuesta compartida: la motivación para aprender.

Bajo diferentes denominaciones ("aprender a aprender", "aprendizaje autodirigido", "iniciativa personal", etc.), las normativas educativas y la opinión pública coinciden en la necesidad de un aprendizaje a lo largo de la vida que debe ser, en gran medida, responsabilidad de cada uno.

Que el aprendizaje a lo largo de la vida es una competencia imprescindible parece, pues, un tema socialmente compartido. Ahora bien, no tenemos tan claro cómo la desarrollamos, ni quién es el responsable de garantizar esta competencia.

Viendo a niños pequeños parece que el deseo de aprender es innato. Observando su empeño en jugar, en descubrir, en imitar a los adultos, en emular a sus hermanos. Pero el objeto del deseo no siempre está orientado a lo que el mundo adulto y la sociedad considera necesario o imprescindible.

La motivación para aprender determinadas cosas no es una capacidad que se tiene de forma natural, como algunos, cándida o interesadamente, sostienen. La motivación personal no es única, ni universal. Es el fruto de una articulación compleja de los deseos, las necesidades y las capacidades de cada persona. Y la acción educativa y el entorno personal y social de los aprendices tienen un papel relevante. La motivación intrínseca hacia los saberes culturales, por ejemplo, no se encuentra socialmente distribuida con equidad.

La motivación para aprender de forma dirigida y profunda va mucho más allá de sentir curiosidad o de hacer preguntas, se relaciona con el esfuerzo sostenido y con el aprendizaje con sentido. Se vincula con las expectativas personales y el capital cultural y social de cada uno. Si queremos que toda persona tenga motivación para aprender a lo largo de la vida, no lo podemos considerar un prerrequisito, sino que debemos asumir que es el resultado de un esfuerzo pedagógico.

Por lo tanto, hay que destinar recursos e iniciativas a movilizar el deseo de aprender hacia aprendizajes relevantes. Hay que convertir las necesidades de aprendizaje en intereses explícitos y ofrecer estímulos que promuevan esta capacidad en todos los niños y jóvenes. Esto nos obliga, a docentes, familia y sociedad, a crear condiciones para "hacer emerger el deseo de aprender", en palabras del pedagogo francés Philippe Meirieu.

Como docentes, encontramos sentido a nuestro trabajo cuando conseguimos convertir una necesidad latente de nuestros alumnos en un deseo de aprendizaje. Este esfuerzo pedagógico no es fruto del azar, es el resultado de un oficio y de unas cualidades humanas que se pueden y se deben aprender para ser docente.

29.4.18

Después de contarlo

Supongo que muchas personas, como yo, se encuentran desbordados y avergonzados de su condición humana después de leer la dolorosa etiqueta #cuentalo en Twitter o Instagram.

No creo que exista la posibilidad de pedir perdón de género: en nada me identifico con esta atribución del sexo masculino. Si esto es ser un hombre, yo no soy un hombre. Algunas personas no son indeseables por su condición de hombre, lo son por sus conductas inadmisibles, su falta de respeto, su brutal machismo.

Que la humanidad todavía no haya alcanzado un grado de educación suficiente para considerar determinadas actitudes y acciones un tabú inaceptable nos señala, dolorosamente, que todavía no somos suficientemente humanos.

Ciertamente la condición humana puede considerarse algo horroroso y miserable. Basta con ver la pobreza y la injusticia incrustadas en nuestros sistemas económico o social. Somos la especie que más semejantes asesina.

Sin embargo. como educador, tengo esperanza. Creo que podemos combatir la barbarie, la injusticia, la violencia. Podemos mirar de frente a la realidad, a veces un territorio devastado, para proponer reflexión, conocimiento y valores humanos.

Así que, después de escuchar cosas terribles hay que contribuir a reparar el daño, a instaurar la justicia, a edificar un futuro mejor para mujeres y hombres. Tenazmente, discretamente, incansablemente. Debemos hacerlo. Se lo debemos a todas las mujeres. Nos lo debemos a todos.